Desvalimiento aprendido: la neurociencia de las administraciones públicas.

Antes de mi vida de ahora fui neurocientífica, sigo siéndolo aunque “sin actividad”. Sea dicho de paso que la neurociencia, esa vida anterior, me apasionaba casi tanto como la gestión y fue una vida muy dura, plena, con grandes amigos y grandes desilusiones y desincentivaciones. Pero ahí aprendí conceptos como el de “desvalimiento aprendido” al que aludo, no sólo porque muchas veces lo sufrí sino porque es un modelo experimental para trabajar en depresión bastante común. Consiste básicamente en entrenar a un sujeto experimental para hacer una tarea por la que se le recompensa (y se castiga su no realización), darles una palanca que da comida o a otra roja que da una descarga eléctrica de poca intensidad pero desagradable. Una vez el ratoncito o la rata han aprendido a hacer la tarea que recompensa se empieza a  castigarle  haga lo que haga, esto genera tal estrés y frustración a los animales que literalmente son capaces de dejarse morir por inacción.

Recientemente, hablando con un par de amigos que trabajan para las AAPP me he sentido parte de un gran experimento subrealista. Los cursos de motivación y liderazgo que han proliferado últimamente te dicen que seas un “generador de cambio” proactivo y defiendas unas estrategias para el bien común y cuando lo  haces o directamente te castigan, (amonestaciones de tu jefe directo o incluso amenazas de sanción a otros niveles) o el que, en mi opinión es el más doloroso de los castigos, la absoluta indiferencia y la condena al ostracismo más absoluto. Entiéndase que sin mediar explicación de que se haya cometido error ninguno por tu parte…

Y os aseguro que mis compañeros son gente brillante, grandes profesionales que anteponen al paciente y son leales a su institución, proactivos y esforzados de esos que hacen horas extra sin cobrarlas y se pagan los másteres por cuestión de principios para no deberse a nadie más que al paciente. Gente 10, gente fantástica, intraemprendedores… Desmotivados, desempoderados, desincentivados… Que cada mañana tienen que tomarse un café y decirse a ellos mismos, merece la pena salir a trabajar. Por los pacientes o los ciudadanos.

Sufren “desvalimiento aprendido” pero de momento, amigas ratas, no se dejan morir de inacción… 

Para ellos dos y para otros tantos que tienen este problema, y para mí que al menos también intento hacer lo correcto d la formar correcta voy a brindar desde aquí porque es la gente profesional y ética la que sostiene un sistema de salud tan beneficioso y tan eficiente…aunque haya margen de mejora, como siempre.

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