Atención sanitaria personalizada, atención sanitaria de precisión, atención sanitaria inclusiva.

Los motivos por los que queremos escribir una nueva entrada en el blog son muy diversos y en general más de uno. Esta es una entrada que se ha ido gestando en los últimos meses por alineación de una serie de eventos aparentemente no relacionados entre sí.

De una parte, acudí a una charla científica en la que me informaron que la Epidemiología no sirve para nada al ser una “ciencia” adivinatoria sin modelos predictivos. Para mí fue un descubrimiento y una sorpresa porque siempre he pensado lo contrario. Fue una buena charla, el tema interesante, el ponente bueno y aprendí cosas. En ella me di cuenta que de forma paralela a la toma de conciencia de los profesionales sanitarios de la situación real del SNS, ha comenzado una gran campaña para hablar de las bondades de la Medicina Personalizada o Individualizada. Es una campaña muy confusa y con muchos “condes de mediado” escondidos que me resulta muy confusa, en primer lugar la denominación de “Medicina Personalizada”.

De otra parte, teniendo la suerte de pasar tiempo en la Escuela Nacional de Sanidad trabajando con el Dr. Repullo y el Dr. Antequera puedo compartir con ellos y muchos otros grandes profesionales de esta institución irreductible como Asterix y Obelix, momentos de charla informal que son muy enriquecedores y de un potencial de aprendizaje increíble. Gracias, por cierto. Bueno, pues ayer el Dr. Repullo hacía una reflexión que me dio mucho que pensar y me ayudó a aclarar mis ideas respecto a la confusión terminológica que os comentaba. La idea de la “Medicina Personalizada” viene de términos anglosajones, como casi todo estos días, pero el término que ofrece el National Institute of Health (NIH) de los EEUU no sería esa sino “Medicina de Precisión” y eso sí describe con mayor exactitud lo que me querían vender en la charla. Medicina de precisión, afinar el diagnóstico ajustando por todos los factores disponibles, incluyendo la genética característica e individual de la persona enferma. Lo gracioso es que ese es el mensaje adaptado a la práctica clínica individual que, desde la publicación del Informe Lalonde, ha venido enviándose desde la Salud Pública.

Irónicamente, estuve en las Jornadas de Actualización en Vacunas del Hospital 12 de Octubre que por cierto, cumplieron 25 años, hablar a Rafael Delgado Vazquez, Jefe de Servicio de Microbiología del Hospital 12 de Octubre, al que respeto grandemente y del que aprendo mucho, sobre el brutal brote de Enfermedad por Virus Ébola que quisimos dar por terminado en 2016 pero que empezó por 2013 y mató a decenas de miles de personas. Pues bien, las innovaciones tecnológicas han avanzado tanto que este virus ha sido uno de los mejores caracterizados en la historia de la epidemiología. Y lo paradójico fue que en lugares donde no había ni el más mínimo material para tratar a pacientes que morían bajo la más frustrante impotencia de los profesionales sanitarios que los intentaban cuidar, había sin embargo un kit de caracterización del virus. A ver, no me entendáis mal, es estupendo tener estos medios pero sería más humano que pudiéramos por lo menos paliar el sufrimiento de esta gente además de caracterizar el virus. Lo sé, quizá es una simplificación o una reducción al absurdo, pero es real.

Por eso me encantó cuando el Dr. Repullo dijo ayer algo así como que el trato compasivo y humano con los pacientes (a mayores de una asistencia sanitaria técnica y científicamente adecuada) eso es medicina individualizada. Mi memoria no me permite reproducir exactamente sus palabras, lo que es una pena porque introduce un sesgo de interpretación por mi parte y porque él es tremendamente preciso y divertido con el lenguaje y por ello pierdo especificidad al no reproducirlo correctamente. Y su razonamiento seguía explicando cómo efectivamente, el término se toma del inglés donde realmente es Medicina de Precisión y no personalizada o individualizada, que son cosas distintas.

Para terminar con los motivos que me han llevado hasta aquí, ayer vi este vídeo sobre lenguaje de signos donde una camarera americana relata como gracias a saber lenguaje de signos consigue arrancar una sonrisa de felicidad a un sordo que acude a pedir a su restaurante. Hace ya dos años, tomé un curso de lenguaje de signos dentro de la formación continuada en mi trabajo, tuve que dejarlo porque me pilló la crisis del Ébola precisamente, el Servicio de Preventiva tuvo mucho trabajo entonces y no pude continuar de puro agotamiento y falta de tiempo. Fue la primera edición y me congratula saber que siguen haciéndolo, aunque a mí ya no me han permitido volver a apuntarme, supongo que porque lo dejé en su momento, aunque creo que por motivos más que justificados, las normas son las normas. Muchos compañeros míos y de las demás personas que acudieron al curso no entendían muy bien por qué lo hacíamos, era largo y costoso (y divertido e interesante pero eso no lo sabían). Y ahí es donde yo introduzco la idea de la Medicina realmente Inclusiva, si la gente que podemos oír aprendemos lenguaje de signos, mínimamente si quiera a decir buenos días, lograremos que los sordos se integren en el sistema realmente. Eso también es medicina individualizada o personalizada…

Carolina Varela Rodríguez – www.varelarodriguez.com – @carolina_D22 –

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carolina-varela-rodr%C3%ADguez-88066b3/

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Del offshoring a la automatización de los trabajos en healthcare (I): ¿Seremos prescindibles en nuestro trabajo?

Hace poco fui con los niños a la fábrica de chocolate de Valor en Vilajoiosa en Alacant. Allí tienen un pequeño museo del Chocolate con una degustación final que apasionó a mis chiquitines porque de hecho tienen chocolate puro de ese que el pobre Señor Colibrí, intolerante a la lactosa, puede comer. Mi marido y yo habíamos estado allí hará unos siete u ocho años. Y os preguntaréis a qué viene esta reflexión personal en este blog de Gestión Clínica. Parecerá que me he confundido con el blog de niños que tengo, pero no.

En la citada visita, te enseñan someramente la fábrica desde la altura mientras te explican el proceso de producción del chocolate. Pues ahí es donde mi marido y yo nos quedamos tremendamente sorprendidos, casi no había trabajadores en la cadena de producción. En ocho años se había automatizado la gran mayoría de los trabajos que se hacían, desapareciendo el trabajador/obrero humano. Habían sido sustituidos por una máquina, nada nuevo, lo hemos vivido desde siempre como civilización.

Y puestos a meditar sobre el tema volviendo en el coche, entre gritos de guerra y peleas infantiles íbamos pensando hasta qué punto los trabajos podrían automatizarse, por ejemplo, en algo tan humanista como es la asistencia sanitaria.

Y parece ser, dicen los expertos, que cuando se introduce un avance tecnológico disruptivo, que aumenta la eficiencia y reduce costes en parte gracias a eliminar puestos de trabajo humanos, se producen dos efectos competitivos: 1) de una parte, se destruyen puestos de trabajo aumentando por lo tanto el paro; 2) de otra se incorporan más empresas al mercado, ahora más accesible para ellas, y generan puestos de trabajo nuevos. Y esto a nivel macroeconómico hasta ahora parece que tiene un sentido compensatorio, pero no son los mismos puestos de trabajo ni requieren la misma formación o habilidades y competencias. Es decir, los obreros que se van al paro siguen en el paro, son otros los empleados en las nuevas compañías. Pero, es más, qué pasará cuando el número bruto de puestos destruidos supere al número de puestos creados.

Pensando en esto me acordé de la película “Figuras ocultas” que me ha gustado mucho. En concreto me acordé de una de las protagonistas, la supervisora de las “calculadoras de color” (o sea, las grandes mentes que hacían los cálculos físicos y matemáticos más complicados para que la carrera espacial se pudiese realizar y que estaban encerradas en el cuerpo de una mujer negra en vez de un hombre blanco). Pues, Dorothy Vaughan,  se da cuenta de lo que significa para el futuro de sus “calculadoras” que instalen la computadora IBM, el paro.

Lo interesante es su reacción “largoplacista”. Ya que para seguir teniendo trabajo, por tanto un futuro y una situación privilegiada dada la coyuntura del país y su condición doble de mujeres y negras, tienen que saber manejar el ordenador mejor que nadie. Deben convertirse, reinventarse, ser imprescindibles para la empresa. Y además lo hace desde esa perspectiva social de compartir el conocimiento y la información, primero se forma ella clandestinamente y después enseña a las calculadoras. De hecho, se hicieron imprescindibles y no perdieron el trabajo.

Ese dilema lo estamos viviendo actualmente de nuevo con el avance de unas tecnologías que hace posible ya no externalizar trabajos sino eliminarlos mediante la automatización, y eso, no tiene por qué ser malo o perjudicial si somos capaces de descubrir la manera de ser útiles. Pero, sobre todo, es que el progreso es imparable. En la historia de las civilizaciones cada Revolución Industrial ha llevado a la destrucción de un gran número de puestos de trabajo y cada una de ellas se ha solucionado de una forma distinta. Veremos cómo se desarrollará esta.

¿Cómo afectará esto a los puestos de trabajo del entorno sanitario? Vosotros qué pensáis.