Métodos innovadores para un sistema de salud sostenible (2/5): El Design Thinking la neurociencia de eliminar el desperdicio.

Recuerdo al Dr. Luis Ángel Oteo de la Escuela Nacional de Sanidad como si fuera ayer diciéndonos:

“¿Cuál es nuestro bien más preciado? … el tiempo porque sólo tenemos 24 horas al día”.

Curiosamente cuanto más he aprendido sobre gestión y sobre procesos más he ido consolidando la sensación de que es el bien que más se desperdicia.

Así que entenderéis mi agradable sorpresa cuando descubrí el modo de trabajar del Design Thinking que optimiza el uso del tiempo para evitar el desperdicio. Mi sorpresa al ver que el análisis de riesgos de una unidad clínica que supone un gran trabajo de recopilación de datos, de comprensión de la unidad y del proceso, podía hacerse escasamente en una hora si lograbas reunir a un grupo suficientemente multidisciplinar de personas, o que incluso se podía minimizar el tiempo de reunión a 10 minutos con las herramientas de trabajo adecuadas. El tiempo de los profesionales, esa gran barrera en el análisis de riesgos se reducía gracias a las herramientas del Design Thinking.

En otra vida, cuando era neurocientífica especializada en electrofisiología de la retina aprendí muchas cosas que voy olvidando poco a poco, pero una que se me ha quedado fija en la memoria por la sorpresa que me generó cuando la estudié la primera vez es que, se calcula que hasta un 90% de las entradas sensoriales del sistema nervioso central de los humanos son visuales. Es decir, somos animales eminentemente visuales. Sin embargo, trabajamos con material visualmente muy aburrido y poco motivador, informes de decenas de páginas iguales con gráficos iguales y miles de referencias bibliográficas iguales.

El Design Thinking tienen muchas virtudes que complementan las debilidades propias del entorno sanitario, pero una de ellas que me parece que muchas veces se obvia o se comenta como un aspecto intrascendente es que son herramientas muy visuales.

Con ellas visualizamos claramente dónde están los problemas, el flujo de trabajo y dónde estamos cada uno de nosotros. Con ellas aprendemos y recordamos los riesgos de un proceso porque los vemos claramente representados.

La neuropsicología ofrece mucha evidencia que muestra que los humanos somos animales juguetones, aprendemos jugando. En la infancia, me diréis, sí, pero también en la edad adulta. El juego es nuestra manera instintiva de aplicar el método científico, la prueba y el error. Y este es otro de los grandes aciertos del Design Thinking, que es divertido. Es mi experiencia y la experiencia de la gente que ha colaborado conmigo que se lo pasa uno muy bien.

Además pasarlo bien con alguien genera vínculos de confianza que permiten una mayor cohesión del equipo. Pocas cosas unen tanto como la risa y la felicidad compartida.

El mundo empresarial y del emprendimiento está en pleno cambio de paradigma donde la incertidumbre y el cambio son los elementos centrales de la toma de decisiones. Curiosamente este es el paradigma en que siempre se ha movido el entorno sanitario. Por ello, parece interesante investigar cómo las empresas están adaptándose y gestionando esta situación cambiante e incierta para poder valorar si las soluciones que ellas proponen son aplicables, adaptables total o parcialmente o no al entorno sanitario. Las herramientas de Design Thinking son altamente adaptables y útiles en el entorno sanitario.

Anuncios