Métodos innovadores para un sistema de salud sostenible (3/5): La humanización agile.

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Cuando pensamos en las organizaciones e instituciones sanitarias entendemos que su servicio principal es la asistencia sanitaria, sin embargo, su activo principal no son las pruebas diagnósticas o terapéuticas, su activo principal es el conocimiento, un intangible propio de los profesionales que trabajan en estas instituciones.

Así mismo, las organizaciones e instituciones sanitarias tienen por su propia naturaleza un momento de inercia muy grande. Esto hace, por ejemplo, que la sanidad pública no se pare, que ofrezca la calidad que sea pero que siga atendiendo siempre a los pacientes.

Otra cosa que hace esta gran inercia es construir una gran resistencia al cambio organizacional y una gran fascinación tecnológica. Es quizá la gran diferencia es entre el entorno empresarial o de emprendimiento donde se abraza el cambio y se responde con innovación. Uno de los ejes centrales de este cambio de paradigma en el emprendimiento es el posicionamiento del cliente en el centro de los servicios o productos, esto que en el entorno sanitario llamamos humanización de la medicina o respeto a la autonomía del paciente.

La metodología agile nace de equipos de diseño de software y cristaliza en un manifiesto publicado en 2001 que resume sus principales características y fundamenta su filosofía de trabajo. De forma resumida, el método agile tiene como principios básicos el valor del “work in progress”, la responsabilidad de cada individuo durante el desarrollo y una actitud positiva de respuesta frente a los cambios. Todo ello partiendo de una relación directa y transparente con el cliente final que además es realmente el centro del proceso.

Es por tanto muy exportable al entorno sanitario donde todo es, básicamente, work in progress, los profesionales, por su propia naturaleza como profesionales, deben asumir la responsabilidad de sus decisiones, el cambio es inevitable, la actitud positiva es opcional pero recomendable, pero lo que es indudable es que el paciente y su familia (usuarios o clientes finales de nuestro trabajo) deben ser el centro del proceso como garantiza la ley de Autonomía del paciente y defiende el código deontológico médico en proceso de actualización tras consulta pública en la Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial.

Dentro de los métodos ágiles el Kanban es muy exportable a la asistencia sanitaria y, totalmente compatible con la gestión por procesos dentro del ciclo de mejora continua (Kaizen).

Podemos reescribir las características básicas de los métodos kanban con un discurso totalmente sanitario: el método, nacido desde la filosofía lean, propone eliminar todo lo que no produce valor añadido (eficiencia) respetando a los profesionales que trabajan y conocen los procesos asistenciales (autonomía de decisión), debe establecerse una colaboración activa con los clientes finales (pacientes) a los que se debe informar con rapidez y rigor desde la mejor evidencia disponible y de los que se espera una información fiable y veraz respecto a su salud y sus expectativas.

Se procurará trabajar con rapidez para que el paciente se vaya aprovechando de los beneficios del servicio a lo largo de todo el proceso siempre desarrollando y potenciando la mejor calidad posible y optimizando el proceso.

Creo que es nuestra obligación moral y ética reflexionar sobre estas filosofías “emergentes” y estos nuevos sistemas y métodos para apostar por una innovación de la gestión que se adapte al cambio y responda a la incertidumbre de manera adecuada, con rigor científico y conocimiento cuantitativo y cualitativo local y general. Nos han dado la herramientas pero no pueden adaptarlas por nosotros porque el entorno sanitario es peculiar y sobre todo gestiona un bien público preferente. Por ello un cambio de cultura es necesario, lograr un lenguaje común y colocar en el centro del sistema al paciente realmente.

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