Métodos innovadores para un sistema de salud sostenible (3/5): La humanización agile.

IMG_20171022_160806_022

Cuando pensamos en las organizaciones e instituciones sanitarias entendemos que su servicio principal es la asistencia sanitaria, sin embargo, su activo principal no son las pruebas diagnósticas o terapéuticas, su activo principal es el conocimiento, un intangible propio de los profesionales que trabajan en estas instituciones.

Así mismo, las organizaciones e instituciones sanitarias tienen por su propia naturaleza un momento de inercia muy grande. Esto hace, por ejemplo, que la sanidad pública no se pare, que ofrezca la calidad que sea pero que siga atendiendo siempre a los pacientes.

Otra cosa que hace esta gran inercia es construir una gran resistencia al cambio organizacional y una gran fascinación tecnológica. Es quizá la gran diferencia es entre el entorno empresarial o de emprendimiento donde se abraza el cambio y se responde con innovación. Uno de los ejes centrales de este cambio de paradigma en el emprendimiento es el posicionamiento del cliente en el centro de los servicios o productos, esto que en el entorno sanitario llamamos humanización de la medicina o respeto a la autonomía del paciente.

La metodología agile nace de equipos de diseño de software y cristaliza en un manifiesto publicado en 2001 que resume sus principales características y fundamenta su filosofía de trabajo. De forma resumida, el método agile tiene como principios básicos el valor del “work in progress”, la responsabilidad de cada individuo durante el desarrollo y una actitud positiva de respuesta frente a los cambios. Todo ello partiendo de una relación directa y transparente con el cliente final que además es realmente el centro del proceso.

Es por tanto muy exportable al entorno sanitario donde todo es, básicamente, work in progress, los profesionales, por su propia naturaleza como profesionales, deben asumir la responsabilidad de sus decisiones, el cambio es inevitable, la actitud positiva es opcional pero recomendable, pero lo que es indudable es que el paciente y su familia (usuarios o clientes finales de nuestro trabajo) deben ser el centro del proceso como garantiza la ley de Autonomía del paciente y defiende el código deontológico médico en proceso de actualización tras consulta pública en la Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial.

Dentro de los métodos ágiles el Kanban es muy exportable a la asistencia sanitaria y, totalmente compatible con la gestión por procesos dentro del ciclo de mejora continua (Kaizen).

Podemos reescribir las características básicas de los métodos kanban con un discurso totalmente sanitario: el método, nacido desde la filosofía lean, propone eliminar todo lo que no produce valor añadido (eficiencia) respetando a los profesionales que trabajan y conocen los procesos asistenciales (autonomía de decisión), debe establecerse una colaboración activa con los clientes finales (pacientes) a los que se debe informar con rapidez y rigor desde la mejor evidencia disponible y de los que se espera una información fiable y veraz respecto a su salud y sus expectativas.

Se procurará trabajar con rapidez para que el paciente se vaya aprovechando de los beneficios del servicio a lo largo de todo el proceso siempre desarrollando y potenciando la mejor calidad posible y optimizando el proceso.

Creo que es nuestra obligación moral y ética reflexionar sobre estas filosofías “emergentes” y estos nuevos sistemas y métodos para apostar por una innovación de la gestión que se adapte al cambio y responda a la incertidumbre de manera adecuada, con rigor científico y conocimiento cuantitativo y cualitativo local y general. Nos han dado la herramientas pero no pueden adaptarlas por nosotros porque el entorno sanitario es peculiar y sobre todo gestiona un bien público preferente. Por ello un cambio de cultura es necesario, lograr un lenguaje común y colocar en el centro del sistema al paciente realmente.

Anuncios

Métodos innovadores para un sistema de salud sostenible (2/5): El Design Thinking la neurociencia de eliminar el desperdicio.

Recuerdo al Dr. Luis Ángel Oteo de la Escuela Nacional de Sanidad como si fuera ayer diciéndonos:

“¿Cuál es nuestro bien más preciado? … el tiempo porque sólo tenemos 24 horas al día”.

Curiosamente cuanto más he aprendido sobre gestión y sobre procesos más he ido consolidando la sensación de que es el bien que más se desperdicia.

Así que entenderéis mi agradable sorpresa cuando descubrí el modo de trabajar del Design Thinking que optimiza el uso del tiempo para evitar el desperdicio. Mi sorpresa al ver que el análisis de riesgos de una unidad clínica que supone un gran trabajo de recopilación de datos, de comprensión de la unidad y del proceso, podía hacerse escasamente en una hora si lograbas reunir a un grupo suficientemente multidisciplinar de personas, o que incluso se podía minimizar el tiempo de reunión a 10 minutos con las herramientas de trabajo adecuadas. El tiempo de los profesionales, esa gran barrera en el análisis de riesgos se reducía gracias a las herramientas del Design Thinking.

En otra vida, cuando era neurocientífica especializada en electrofisiología de la retina aprendí muchas cosas que voy olvidando poco a poco, pero una que se me ha quedado fija en la memoria por la sorpresa que me generó cuando la estudié la primera vez es que, se calcula que hasta un 90% de las entradas sensoriales del sistema nervioso central de los humanos son visuales. Es decir, somos animales eminentemente visuales. Sin embargo, trabajamos con material visualmente muy aburrido y poco motivador, informes de decenas de páginas iguales con gráficos iguales y miles de referencias bibliográficas iguales.

El Design Thinking tienen muchas virtudes que complementan las debilidades propias del entorno sanitario, pero una de ellas que me parece que muchas veces se obvia o se comenta como un aspecto intrascendente es que son herramientas muy visuales.

Con ellas visualizamos claramente dónde están los problemas, el flujo de trabajo y dónde estamos cada uno de nosotros. Con ellas aprendemos y recordamos los riesgos de un proceso porque los vemos claramente representados.

La neuropsicología ofrece mucha evidencia que muestra que los humanos somos animales juguetones, aprendemos jugando. En la infancia, me diréis, sí, pero también en la edad adulta. El juego es nuestra manera instintiva de aplicar el método científico, la prueba y el error. Y este es otro de los grandes aciertos del Design Thinking, que es divertido. Es mi experiencia y la experiencia de la gente que ha colaborado conmigo que se lo pasa uno muy bien.

Además pasarlo bien con alguien genera vínculos de confianza que permiten una mayor cohesión del equipo. Pocas cosas unen tanto como la risa y la felicidad compartida.

El mundo empresarial y del emprendimiento está en pleno cambio de paradigma donde la incertidumbre y el cambio son los elementos centrales de la toma de decisiones. Curiosamente este es el paradigma en que siempre se ha movido el entorno sanitario. Por ello, parece interesante investigar cómo las empresas están adaptándose y gestionando esta situación cambiante e incierta para poder valorar si las soluciones que ellas proponen son aplicables, adaptables total o parcialmente o no al entorno sanitario. Las herramientas de Design Thinking son altamente adaptables y útiles en el entorno sanitario.

Métodos innovadores para un sistema de salud sostenible (1/5): El entorno sanitario ante un cambio radical de paradigma.

Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que nos encontramos en una encrucijada sin precedentes en la gestión sanitaria y que, dado que el cambio es inevitable, nos encontramos ante la obsolescencia del “esto se ha hecho siempre así”. Los viejos métodos de gestión jerárquica clásicos en el entorno sanitario ya no funcionan, hace tiempo que no funcionan pero la inercia del sistema los mantiene. Son muchos los problemas que el Sistema de Salud debe afrontar en estos momentos, pero la gran mayoría son problemas habituales, la incertidumbre de las decisiones, la variabilidad de la práctica clínica, la limitación de los recursos, la falta de plantilla, la seguridad del paciente, la participación activa de los pacientes en el cuidado de su salud… Son además puntos de encuentro comunes a otros países y otros sistemas sanitarios.

Y seguimos aplicando métodos de gestión que han fracasado sistemáticamente en momentos de crisis económica y en momentos de vacas gordas. En la crisis porque se recurre a los recortes lineales en un acto de pánico y en momentos de crecimiento económico porque no se plantean cambios cuando es posible hacerlos.

La gestión innovadora es un #trending topic en el mundo de la emprendeduría, y lo es desde hace tiempo. Múltiples análisis y múltiples soluciones han ido emergiendo y casi por ósmosis han ido siendo aplicadas a la gestión sanitaria. Pero el entorno sanitario es tremendamente paranoide, de una parte la gran concentración de mentes lúcidas y autónomas hace de él un entorno con un gran potencial creativo y humanista, y de otro es un entorno tremendamente conservador e inmovilista.

Interiorizamos mottos arrastrados etariamente como “ellos y nosotros”, “hacemos lo que podemos”, “siempre se ha hecho así”, “lo que funciona más o menos, mejor no tocarlo”, “no está en mi contrato”, “como son los pacientes (ellos)”, “los gestores (ellos) no tienen ni idea de la realidad de la consulta”, “me gustaría ver a este (ellos) gestionar un hospital”… Barreras al cambio.

Pero la naturaleza es persistente y el cambio es, irónicamente, una de las constantes del entorno sanitario, lo que hoy vale mañana probablemente no. Las nuevas formas de gestión o la gestión innovadora ofrece herramientas flexibles y dinámicas que permiten tres cosas fundamentales en el entorno sanitario, adaptación al cambio constante, situar al cliente (paciente/profesional) en el centro del sistema y trabajo en equipo y captación del talento dentro de las instituciones.

Aunque el óptimo sería tener facilidad para adoptar nuevas formas de gestión que nos permitieran dentro de un sistema o de una institución sanitaria dar a los profesionales la autonomía de gestión necesaria, que, por tanto, incluye la dotación presupuestaria y su manejo, la realidad es terca y no suele permitir lo óptimo.

Lo que parece evidente es que no debemos amilanarnos porque muchas de estas herramientas pueden implementarse localmente y de forma limitada. Eso sí, es conveniente lograr pequeños éxitos y darles visibilidad para ir creando cultura de cambio.

Siempre se dice que la filosofía Lean tiene que aplicarse a toda la organización porque sino fracasa su implantación. Yo, con todo el respeto, discrepo de esta opinión porque en mi experiencia las organizaciones sanitarias, por su propia naturaleza tienen cierta tendencia fractal y por tanto caótica, pero en pequeños departamentos con una estructura y organización interna muchas veces independiente o ajena a la organización general de la institución. Esto genera una gran inercia muy difícil de romper para implementar cambios pero que podemos, y debemos, utilizar a nuestro favor en algún caso.

Cada uno en nuestro día a día, en nuestro trabajo al nivel que se encuentre y con la responsabilidad que tengamos, tenemos que interiorizar varias líneas estratégicas necesarias para la sostenibilidad y la excelencia del SNS:

– El paciente es nuestro motivo de ser como profesionales sanitarios y hay que respetarlo y situarlo en el centro del sistema, depende de nosotros, no del plan de humanización que publique la consejería de sanidad de turno.

– Nosotros somos, como profesionales del SNS, una parte fundamental que debe ser respetada y valorada, y por ello debemos ser la mejor versión de nosotros mismos cada día.

– El tiempo es nuestro bien más preciado, hay que desinvertir en los tiempos que no producen valor añadido al proceso asistencial.

– Todo puede ser mejorado y la gente que conoce un proceso puede ser el motor de cambio de ese proceso para lograr la excelencia.

– La mejora debe ser continua y la seguridad del paciente su núcleo fundacional.

– Cada día voy a hacer las cosas un poquito mejor.

– El fracaso no existe, el ridículo no existe, el miedo al que dirán no existe, sólo existe mejorar la atención sanitaria para ofrecer el mejor servicio.

– No hacer también es una decisión y casi nunca lleva a la excelencia.

– La asistencia sanitaria, la excelencia profesional, la transparencia y la honestidad no tienen color político ni partido. Los derechos humanos y la equidad, la cobertura universal y compasión no deben tener colores ni banderas y no deben ser arma arrojadiza en ningún caso.

Despedida del Máster Universitario de Administración Sanitaria (MuAS) 2015-2017

El día 16 despedimos el MuAS 3 y como siempre en estas lides fueron momentos divertidos, cómplices y tristes. No lloré, no, no lo hice pero no por falta de ganas sino por ganar una apuesta a mis compañeros.

Yo tuve la fortuna de ser elegida delegada y mientras mi querida tierra gallega se quemaba por los cuatro costados sin que yo me hubiese enterado, despedí el Máster con estas palabras que os las pongo aquí por si acaso las queréis leer.

Hace dos años nos conocimos, íbamos a compartir unos teras de información mayoritariamente a distancia, éramos cada uno de nuestro padre y de nuestra madre y coincidiríamos puntualmente algunos días en Madrid para hacer exámenes. Era un comienzo poco prometedor como generador de relaciones humanas, que al final son la mayor riqueza que tenemos, ¿no os parece?

Qué impresión más equivocada, porque no es el tiempo juntos exactamente lo que genera vínculos y amistades, no son sólo las risas ni los cafés en compañía, no son los nervios cómplices, no son las lágrimas también en companía, son las personas, la calidad de las personas lo que genera vínculos irrompibles, cariños duraderos, sinergias positivas. Y de calidad de las personas en esta institución están sobrados. En ella trabajan grandes personas y seleccionan a grandes personas para darles formación…

El gran mérito de esta escuela no es sólo dar una muy buena formación con honestidad e integridad o ser un ágora abierta de diálogo, sino generar externalidades positivas que nos hacen mejores profesionales y ayudan a crear inmunidad de rebaño contra el “siempre se hizo así”, contra el “ellos más”, contra el conformismo, contra la mediocridad.

Porque entramos buenos y salimos mejores, porque nos dirijimos hacia la excelencia pero ya acompañados, ya no solos, ya no volveremos a vernos solos porque a un golpe de teléfono o de whatsup alguien nos va a entender y a aconsejar.

Yo volvía a mi casa, a mi Escuela, donde crecí y seguiré creciendo como profesional. Me pasó un poco como a Quevedo “Miré los muros de la patria/escuela mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía” … Me desanimé, me desanimé mucho… pero… gracias a Damián entre otras personas seguí adelante y dos años después y tras vivir, gracias al equipo docente y administrativo del Máster el milagro de los panes y los peces, y gracias a las pequeñas y grandes conversaciones con mis compañeros y profesores, me doy cuenta que ni los muros de esta casa fueron, lamentablemente, nunca fuertes, ni caduca la valentía de los que sienten querencia por la gestión, muy al contrario, amigos míos, la gestión sanitaria (parafraseando al Dr. Pedro Ruiz, coordinador de la Unidad de Calidad del 12 de octubre:

“la gestión, amigos míos, es para valientes”.

Y vosotros lo sois. Nosotros lo somos. Somos valientes y sabemos lo que hay que hacer. Lo sabemos, lo sabíamos antes de venir aquí ahora tenemos las herramientas y los contactos.

No sé vosotros, pero yo decidí invertir en este máster porque soy de la Pública, porque tengo hijos, porque estamos en un cambio de paradigma con posibilidades muy negativas para la sostenibilidad del SNS y porque creía que se necesitan gestores no que entiendan qué es el buen gobierno o la transparencia, sino que lo traigan de serie, como a los Legionarios, a los que la valentía se les supone.

Creía y creo que la sostenibilidad del SNS empieza por uno mismo. Somos legión, y valga la redundancia, los profesionales honestos, inteligentes y comprometidos… Quizá deberíamos dar una nueva vuelta de tuerca al radicalismo selectivo que propone entre otros el Dr. Ortún, y trasponerlo de las medidas a las personas, a los profesionales, a las bases… Si conseguimos implantar a algunos profesionales valientes, formados, honorables y comprometidos en las instituciones sanitarias con una idea clara de qué hay que hacer, cada uno en su lugar, poco a poco y sin perder paso, sin dejar al desánimo predar en nosotros y siendo siempre ejemplo de buen gobierno, de trasparencia, de coherencia, quizá logremos crear escuela, convencer sin manipular, liderar sin cargos de confianza, guiar sin partidismos… Crear excelencia para ofrecer la mejor asistencia a los pacientes y el mejor entorno de trabajo a los profesionales y ser intolerantes con la mediocridad.

Somos un grupo potente de profesionales, somos complementarios y distintos, somos multidisciplinares y tenemos algo en común el MuAS y nuestro gusto por la gestión y por el SNS. Nicole no te quepa duda de que eres nuestros corazón, y nuestro corazón más humano y más cercano al paciente, al que sufre… Ángela que no quiere hablar porque es la primera sindicalista tímida que conozco, pero que os dirá alguna cosa porque se lo hemos pedido, eres nuestro compromiso con los profesionales, Alberto nos aportas ese orden institucional de los órganos colegiados que desde siempre ha apoyado al profesional sanitario, María José, Francisca, Felix además de simpatía y amabilidad siempre, nos ayudáis a mantener nuestro compás moral con rigor militar y honestidad, y para asuntos técnicos tenemos las brillantes mentes de Damián, de Evaristo, de Luis, los tres hablan poco pero cuando lo hacen es mejor escucharles porque al contrario que el diablo saben más por sabios que por viejos. Y Tomás, como su buen nombre hace intuir… siempre tiene el dato para desmontar un argumento y por tanto es un motor de mejora continua, porque sólo a través de la crítica bien intencionada podemos mejorar.

Tengo que citar a Luis Ángel Oteo, siempre lo hago, al fin y al cabo es mi referente, un día me dijo “quien no te critica te está regalando su indiferencia”

Sólo menciono a algunos que sabía que íbais a venir, pero somos muchos más y todos somos complementarios y únicos. Y le mando un beso a Mercedes que no está pero que lo está pasando muy mal de manera muy injusta.

Tengo 44 años y aun creo en la bondad del ser humano, me han dicho muchas veces que soy una ilusa, que la vida es dura y que vivo en mi país de fantasía… Me hundo todos los meses en la miseria porque soy gallega y de natural melancólico… Pero soy un gallo tuerto y con mi familia, con mis amigos y con James Brown me vuelvo a levantar…

James Brown dice “I got you, I feel good” y yo, os tengo a vosotros y también me siento bien.

Tengo 44 años y soy una utópica… Pero creo en vosotros, creo en ellos, creo en mí… Ahora tenemos dos opciones, pensar que algo de razón tengo y salir de aquí dispuestos a cambiar las cosas poquito a poco, día a día, proceso a proceso, profesional a profesional, o seguir pensando que lo que ya “funciona” mejor no tocarlo…

Yo tengo claro lo que voy a hacer mañana…

Como dice Repu, “Perdonad que os haya hecho esta despedida tan larga pero no he tenido tiempo para hacerla más corta”.

En cualquier caso, ha sido un privilegio conoceros y volver a compartir las aulas con mis profesores favoritos.

Carolina Varela Rodríguez – http://www.varelarodriguez.com – @carolinavr_D22 – carolinavr@gmail.com

Del Offshoring a la automatización (II): Algunas claves del cambio disruptivo de la automatización

doctor

Los trabajos han sido automatizados en la medida de lo posible siempre. Lo que es llamativo hoy en día es que nos encontramos en un momento pivotal de cambio disruptivo. Hasta hace una década más o menos, la automatización se limitaba principalmente a trabajos manuales o mecánicos y trabajos cognitivos o intelectuales muy rutinarios. Actualmente se están empezando a automatizar trabajos mucho menos rutinarios como conducir un coche por una carretera.

Me vais a permitir un guiño trekkie. Recuerdo la primera vez que vi Star Trek Voyager y apareció El Doctor, un holograma que contenía el conocimiento (ojo, conocimiento, no información o datos) médico de todos los mundos miembros de la Federación de planetas, siendo capaz de tratar cualquier daño o enfermedad conocido y de realizar más de cinco millones de procedimientos quirúrgicos. A lo largo de la serie el holograma aprende muchas cosas, incluso mejora su relación con los pacientes y aprende a tratar enfermedades nuevas. La primera vez que lo vi la idea me parecía fascinante y propia de la ciencia ficción, como el tricorder médico inicialmente un salero de dinner y ahora un proyecto open-hardware. Actualmente ambas cosas empiezan a ser posibles.

1. Una de las claves de la automatización es tener un problema bien definido, y para tener un problema bien definido necesitamos datos que sean relevantes y permitan valorar posibles contingencias respecto al problema en cuestión.

Es bastante conocido el crecimiento exponencial que la información disponible en internet ha experimentado en los últimos años. Esto ha ido generando un ingente acúmulo de información y datos en distintos formatos e idiomas que permite entre otras cosas la creación de un corpus de conocimiento de la mayoría de las disciplinas cognitivas. Pero además la increíble mejora en la capacidad de procesamiento y la gran cantidad de información accesible ha permitido corroborar patrones descritos y detectar nuevos patrones.

Es decir, se puede definir un problema y se pueden encontrar datos, y datos relevantes que permitan analizar diferentes escenarios y por tanto automatizar trabajos complejos y no rutinarios.

2. La Internet Of Things (IOT) está permitiendo mediciones cada vez más precisas del mundo real. Poco a poco se van creando bancos de datos de los que ahora se denominan como “Real World Data”, datos reales de tomados en el mundo real.

Existen todavía importante problemas tecnológicos y normativos que habrá que ir solucionando, pero es imparable. ¿Qué ventaja tiene este tipo de datos? Primero y siempre desde la perspectiva de la salud, que los datos son reales, en el sentido que no han nacido en un ensayo clínico muy controlado que puede excluir grupos importantes de población, aunque nos ofrece una evidencia científica más potente perdiendo validez externa y ganando mucha validez interna. Pero lo más importante es la posibilidad de analizar los datos en conjunto y encontrar relaciones y patrones nuevos entre ellos. También hay que valorar que esto implica necesariamente la aparición de nuevos sesgos y problemas que aun no hemos detectado, ni analizado, ni comprendido. Cuando se hace un pronóstico, por muy exactos o individualizados que sean los datos, de momento, siempre hay una posibilidad de error. La bola de adivino de los epidemiólogos (como diría un prestigiado colega con quien debatí el tema) sólo se hará muchísimo más certera, de manera que los algoritmos de decisión y de aprendizaje podrán ir relevando al ser humano en su trabajo clínico.

3. La percepción social de la intimidad y de los datos está cambiando rápidamente. Cualquier tipo de cambio que afecte a la sociedad es necesariamente el resultado de un pacto social que lo acepte, por muy evolucionada que sea la ciencia o la tecnología, a nivel local, la gente, los ciudadanos, la sociedad debe aceptar el cambio.

Y se está produciendo. Las nuevas generaciones pecando un poco de exhibicionismo y otro de haberse criado en brazos de Facebook, Instagram o Twitter, no tienen demasiado pudor en compartir sus datos. Nosotros sí, todavía sí. También se han criado viendo robots, de cocina, de limpieza, industriales, incluso terapéuticos, no son algo extraño, no son parte de una novela de Isaac Asimov o de Phillip K. Dick. No sienten que sean algo agresivo y por tanto, por qué no dejarles hacer trabajos como la asistencia sanitaria, son precisos, son ordenados, son eficaces, son… buenos. Para nosotros aun no, aun llevamos en la memoria las propiedades emergentes de los sistemas, las Reglas de la Robótica, la Rebelión de la Máquinas u 2001, Odisea en el espacio… Como sociedad esto está cambiando. Es sólo cuestión de tiempo.

Como profesional sanitario, da un poco de vértigo pensar que un sistema de inteligencia artificial con algunos algoritmos más o menos complicados de learning machine y acceso a grandes datos (big data o Real World Data) va a poder sustituirte en tu práctica diaria, que además es, normalmente una de nuestras pasiones en la vida.

No veo necesario ni posible la desaparición completa del profesional sanitario pero sí que se va a producir una automatización del trabajo en salud cada vez más marcada. El cambio tecnológico en principio es inevitable, el progreso opcional. Yo creo, sinceramente que es una buena cosa y además plantea muchos interrogantes y muchos problemas laborales que resolver.

Pero, la automatización de las profesiones sanitarias es cada vez más posible y cada vez más cercano. Deberíamos ir preparando el siguiente nivel y deberíamos generar debate sobre qué posibles problemas y soluciones anticipamos a esto porque somos nosotros las generaciones intermedias las que tenemos que ayudar en la transición para que sea una transición adecuada y humana.

Carolina Varela Rodríguez – http://www.varelarodriguez.com – @carolinavr@D22

Donde derrapa la humanización de la sanidad…

A colación de un desafortunado incidente denunciado en las redes sociales por un paciente sordo indignado he retomado mi reflexión sobre la humanización de la sanidad. La humanización de la sanidad no es nada nuevo, pero la humanización de la sanidad está de moda. La verdad es que es un concepto indiscutible e impecable, a mí profesional sanitario, a mí paciente, a mí familiar y a mí ciudadana de un estado de bienestar, me encanta y además me voy a permitir hacer algunas reflexiones.

Y es que, no sé, a mí me pareció siempre que una característica intrínseca a las profesiones sanitarias es la humanidad y el humanismo. Y hay algo que me disgusta de la palabra en sí. Supongo que suele usarse para referirse a conceder o suponer características humanas a algo que no las tiene. Seamos justos, la RAE lo define en su primera acepción como “hacer humano, familiar y afable a algo o a alguien” y en su segunda acepción como “ablandarse, desenojarse, hacerse benigno”. Pero a mí sigue sin convencerme su aplicabilidad con la acepción de la que hablamos. Las organizaciones sanitarias son muy humanas, tanto, que son falibles y sienten la fatiga. Y no hablo de los profesionales exclusivamente, hablo tambien de los pacientes, de la población, de sus gestores…

Quizá sea la implícita separación que se hace entre humanidad y asistencia sanitaria o que una gran cantidad de propuestas dentro de este abanico de actuación parecen salidas de un despacho donde profesionales deciden qué es lo importante para el paciente sin preguntarles a ellos. Pero ¿ablandarse? ¿hacerse benigno?

O quizá que la humanización se plantea siempre con el objetivo puesto exclusivamente en el paciente, y ojo, que la palabra clave aquí es “exclusivamente”. Yo tengo claro que el centro y foco del sistema es el paciente, tan claro lo tengo que me meto en líos por defenderlo, sin embargo, en las instituciones sanitarias hay otras personas, otros humanos, que también pasan allí mucho tiempo, los profesionales y trabajadores. Es necesario aplicar una perspectiva de sistema para humanizar realmente la sanidad. Porque sin eso, sólo hay parches que no solucionan nada.

Fijaos que he conocido muchos desaprensivos y arrogantes, he conocido muchos estúpidos incompetentes, incluso he conocido mala gente con bata blanca, pero la gran e inmensa mayoría de mis compañeros, son buenos, son buenos profesionales pero sobre todo son buenas personas. Se les encoje el corazón no sólo cuando muere un paciente sino cuando no pueden darle la atención que merecen. Se van a casa y sufren infartos por exceso de trabajo y por preocupación… y se levantan por la mañana quemados y van a trabajar con la sonrisa en la boca porque la gente no tiene la culpa.

En fin, pero a lo que yo iba con esto es que todos los planes de humanización que podamos imaginar naufragan estrepitosamente cuando un paciente sordo llega a urgencias, avisa de que es sordo y pasa siete horas esperando a ser atendido porque le avisan exclusivamente por megafonía y se va sin ser atendido.

¡Uf!

Pero, ¿dónde está el problema?

En el paciente que acude solo a urgencias, evidentemente no. En el profesional que lo recibe que no se molesta en apuntar que hay que ir a buscarlo porque no oye la megafonía. En el profesional que le llama insistentemente sin recibir respuesta y no acude a ver qué pasa. En los ciudadanos que acuden a urgencias como una entrada rápida a la consulta de un especialista o a pruebas complementarias específicas. En la sobrecarga asistencial por falta de sustituciones y recortes lineales absurdos.

En qué partida presupuestaria entra que se acuda a llamar a un sordo porque no oye la megafonía… porque no nos confundamos, es estrictamente necesario hacerlo, pero costar cuesta dinero, aunque sólo sea el coste de esos minutos que el profesional saturado tiene que emplear en ir a buscar al paciente en vez de hacer otra cosa, coste de oportunidad.

Y otra reflexión que no pude dejar de hacerme después de algunas experiencias que

conozco a veces de primera mano, ¿se investigará este evento como un incidente de seguridad del paciente que llegó al paciente?

Porque es un incidente de seguridad del paciente que debe ser analizado para mejorar siempre sin buscar culpables sino soluciones. Porque, amigos, el problema no es uno y no se encuentra a un nivel del proceso asistencial, el problema es multifactorial, multinivel, multiprofesional. Porque se han alineado los agujeros de seguridad hasta producir esta situación esperpéntica.

No disculpo lo que ha pasado ni mucho menos, me parece increíble, pero no corramos a

arrojar piedras al sistema nacional de salud ni a sus profesionales, ni siquiera a los políticos se supone que lo gestionan, no corramos a arrojar piedras sobre los culpables porque no lleva a ningún sitio, veamos cómo evitar que vuelva a pasar. Aprendamos de nuestros errores y hagamos un poco de introspección todos como actores interesados en el sistema público de salud. Porque esto no puede volver a pasar.

¡Ya soy especialista! y sigo pensando…

Son momentos de tremenda incertidumbre cosa que en realidad es nuestra situación basal. Y sigo pensando.

Durante estos años de residencia he aprendido muchísimo, he encontrado mi vocación de gestora sanitaria, he podido aplicar mi vocación de servir y quiero creer que he ayudado un poquito a los departamentos y servicios por los que he rotado.

Me voy contenta porque mi corazón es nómada y me apasionan los retos, aunque hubiese estado muy a gusto con vosotros un tiempo más. Hay tantas cosas por hacer y son tan bonitas. Pero sé que quedáis vosotros para hacerlas.

Sois vosotros los que hacéis grande al hospital aunque intenten empequeñecerlo, sois vosotros cada día con vuestra sonrisa llena de estrés y de cansancio, con vuestro saber hacer a pesar de no llegar a la formación continuada con todas las neuronas, los que hacéis grande la sanidad pública.

Sigo pensando que podemos hacer sostenible el SNS.

La automatización de los trabajos se acerca y no me cuesta imaginar que tenga éxito porque tenemos ya muchos autómatas en el sistema, pero sigo pensando que hay que ejercer la profesion desde el corazón porque sin eso no somos médicos, ni enfermeras, ni auxiliares, ni celadores, ni analistas, ni biólogos ni farmacéuticos, ni ingenieros, ni químicos, ni limpiadores, ni técnicos de mantenimiento, ni mozos de almacén… ni personas. Sin corazón no somos nada.

Sigo pensando que el paciente está antes que todo, incluso antes que nuestro futuro profesional, porque el paciente es vulnerable y nosotros su barrera protectora. Sigo pensando que los valores están en el centro de nuestra profesión. Valores que hay que defender como la sostenibilidad de la sanidad pública, la transparencia en la gestión y la profesionalización de este noble arte de gestionar los recursos para el bien público.

Sigo pensando que hay que horizontalizar el organigrama y trabajar en equipo, gestionar por procesos (no sólo los procesos), sigo pensando que hay que dar más autonomía de gestión al clínico y más conocimientos clínicos al gestor, sigo pensando que hay que humanizar la enseñanza de la medicina y tratar enfermos no enfermedades, sigo pensando que con profesionalismo y ética se puede defender al paciente hasta los niveles de la excelencia.

Sigo pensando que la transparencia, el debate abierto, el intercambio de opiniones, el conflicto y la búsqueda incesante del error para corregirlo es lo que nos dotará de excelencia.

Sigo pensando, y me vais a disculpar si sueno prepotente, sigo pensando que yo no me equivoco en muchas cosas de las que digo y defiendo hasta el final, sigo pensando que es el sistema el que se equivoca.

Sigo pensando que he aprendido con los mejores, con los que saben , con los que le cogen la mano a los pacientes, con los que lloran con ellos, con los que se forman aun pagando de su bolsillo los cursos para ser su mejor versión.

Sigo pensando, compañeros, que soy tremendamente afortunada porque he podido hacer lo que tantas veces se dice, para ser inteligente no he tenido que saber mucho, simplemente me he rodeado de gente que sabe más que yo.

Vosotros, que sois mi hospital, vosotros, que sóis mis compañeros en el más noble sentido de la palabra, vosotros estaréis siempre en mi corazón y es el mismo que usaré para seguir ejerciendo mi profesión en cualquier otra parte. Y todo lo demás, amigos míos, todo lo demás tan humano, no importa.

Por vosotros levanto mi copa y os saludo.

Atención sanitaria personalizada, atención sanitaria de precisión, atención sanitaria inclusiva.

Los motivos por los que queremos escribir una nueva entrada en el blog son muy diversos y en general más de uno. Esta es una entrada que se ha ido gestando en los últimos meses por alineación de una serie de eventos aparentemente no relacionados entre sí.

De una parte, acudí a una charla científica en la que me informaron que la Epidemiología no sirve para nada al ser una “ciencia” adivinatoria sin modelos predictivos. Para mí fue un descubrimiento y una sorpresa porque siempre he pensado lo contrario. Fue una buena charla, el tema interesante, el ponente bueno y aprendí cosas. En ella me di cuenta que de forma paralela a la toma de conciencia de los profesionales sanitarios de la situación real del SNS, ha comenzado una gran campaña para hablar de las bondades de la Medicina Personalizada o Individualizada. Es una campaña muy confusa y con muchos “condes de mediado” escondidos que me resulta muy confusa, en primer lugar la denominación de “Medicina Personalizada”.

De otra parte, teniendo la suerte de pasar tiempo en la Escuela Nacional de Sanidad trabajando con el Dr. Repullo y el Dr. Antequera puedo compartir con ellos y muchos otros grandes profesionales de esta institución irreductible como Asterix y Obelix, momentos de charla informal que son muy enriquecedores y de un potencial de aprendizaje increíble. Gracias, por cierto. Bueno, pues ayer el Dr. Repullo hacía una reflexión que me dio mucho que pensar y me ayudó a aclarar mis ideas respecto a la confusión terminológica que os comentaba. La idea de la “Medicina Personalizada” viene de términos anglosajones, como casi todo estos días, pero el término que ofrece el National Institute of Health (NIH) de los EEUU no sería esa sino “Medicina de Precisión” y eso sí describe con mayor exactitud lo que me querían vender en la charla. Medicina de precisión, afinar el diagnóstico ajustando por todos los factores disponibles, incluyendo la genética característica e individual de la persona enferma. Lo gracioso es que ese es el mensaje adaptado a la práctica clínica individual que, desde la publicación del Informe Lalonde, ha venido enviándose desde la Salud Pública.

Irónicamente, estuve en las Jornadas de Actualización en Vacunas del Hospital 12 de Octubre que por cierto, cumplieron 25 años, hablar a Rafael Delgado Vazquez, Jefe de Servicio de Microbiología del Hospital 12 de Octubre, al que respeto grandemente y del que aprendo mucho, sobre el brutal brote de Enfermedad por Virus Ébola que quisimos dar por terminado en 2016 pero que empezó por 2013 y mató a decenas de miles de personas. Pues bien, las innovaciones tecnológicas han avanzado tanto que este virus ha sido uno de los mejores caracterizados en la historia de la epidemiología. Y lo paradójico fue que en lugares donde no había ni el más mínimo material para tratar a pacientes que morían bajo la más frustrante impotencia de los profesionales sanitarios que los intentaban cuidar, había sin embargo un kit de caracterización del virus. A ver, no me entendáis mal, es estupendo tener estos medios pero sería más humano que pudiéramos por lo menos paliar el sufrimiento de esta gente además de caracterizar el virus. Lo sé, quizá es una simplificación o una reducción al absurdo, pero es real.

Por eso me encantó cuando el Dr. Repullo dijo ayer algo así como que el trato compasivo y humano con los pacientes (a mayores de una asistencia sanitaria técnica y científicamente adecuada) eso es medicina individualizada. Mi memoria no me permite reproducir exactamente sus palabras, lo que es una pena porque introduce un sesgo de interpretación por mi parte y porque él es tremendamente preciso y divertido con el lenguaje y por ello pierdo especificidad al no reproducirlo correctamente. Y su razonamiento seguía explicando cómo efectivamente, el término se toma del inglés donde realmente es Medicina de Precisión y no personalizada o individualizada, que son cosas distintas.

Para terminar con los motivos que me han llevado hasta aquí, ayer vi este vídeo sobre lenguaje de signos donde una camarera americana relata como gracias a saber lenguaje de signos consigue arrancar una sonrisa de felicidad a un sordo que acude a pedir a su restaurante. Hace ya dos años, tomé un curso de lenguaje de signos dentro de la formación continuada en mi trabajo, tuve que dejarlo porque me pilló la crisis del Ébola precisamente, el Servicio de Preventiva tuvo mucho trabajo entonces y no pude continuar de puro agotamiento y falta de tiempo. Fue la primera edición y me congratula saber que siguen haciéndolo, aunque a mí ya no me han permitido volver a apuntarme, supongo que porque lo dejé en su momento, aunque creo que por motivos más que justificados, las normas son las normas. Muchos compañeros míos y de las demás personas que acudieron al curso no entendían muy bien por qué lo hacíamos, era largo y costoso (y divertido e interesante pero eso no lo sabían). Y ahí es donde yo introduzco la idea de la Medicina realmente Inclusiva, si la gente que podemos oír aprendemos lenguaje de signos, mínimamente si quiera a decir buenos días, lograremos que los sordos se integren en el sistema realmente. Eso también es medicina individualizada o personalizada…

Carolina Varela Rodríguez – www.varelarodriguez.com – @carolina_D22 –

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carolina-varela-rodr%C3%ADguez-88066b3/

Del offshoring a la automatización de los trabajos en healthcare (I): ¿Seremos prescindibles en nuestro trabajo?

Hace poco fui con los niños a la fábrica de chocolate de Valor en Vilajoiosa en Alacant. Allí tienen un pequeño museo del Chocolate con una degustación final que apasionó a mis chiquitines porque de hecho tienen chocolate puro de ese que el pobre Señor Colibrí, intolerante a la lactosa, puede comer. Mi marido y yo habíamos estado allí hará unos siete u ocho años. Y os preguntaréis a qué viene esta reflexión personal en este blog de Gestión Clínica. Parecerá que me he confundido con el blog de niños que tengo, pero no.

En la citada visita, te enseñan someramente la fábrica desde la altura mientras te explican el proceso de producción del chocolate. Pues ahí es donde mi marido y yo nos quedamos tremendamente sorprendidos, casi no había trabajadores en la cadena de producción. En ocho años se había automatizado la gran mayoría de los trabajos que se hacían, desapareciendo el trabajador/obrero humano. Habían sido sustituidos por una máquina, nada nuevo, lo hemos vivido desde siempre como civilización.

Y puestos a meditar sobre el tema volviendo en el coche, entre gritos de guerra y peleas infantiles íbamos pensando hasta qué punto los trabajos podrían automatizarse, por ejemplo, en algo tan humanista como es la asistencia sanitaria.

Y parece ser, dicen los expertos, que cuando se introduce un avance tecnológico disruptivo, que aumenta la eficiencia y reduce costes en parte gracias a eliminar puestos de trabajo humanos, se producen dos efectos competitivos: 1) de una parte, se destruyen puestos de trabajo aumentando por lo tanto el paro; 2) de otra se incorporan más empresas al mercado, ahora más accesible para ellas, y generan puestos de trabajo nuevos. Y esto a nivel macroeconómico hasta ahora parece que tiene un sentido compensatorio, pero no son los mismos puestos de trabajo ni requieren la misma formación o habilidades y competencias. Es decir, los obreros que se van al paro siguen en el paro, son otros los empleados en las nuevas compañías. Pero, es más, qué pasará cuando el número bruto de puestos destruidos supere al número de puestos creados.

Pensando en esto me acordé de la película “Figuras ocultas” que me ha gustado mucho. En concreto me acordé de una de las protagonistas, la supervisora de las “calculadoras de color” (o sea, las grandes mentes que hacían los cálculos físicos y matemáticos más complicados para que la carrera espacial se pudiese realizar y que estaban encerradas en el cuerpo de una mujer negra en vez de un hombre blanco). Pues, Dorothy Vaughan,  se da cuenta de lo que significa para el futuro de sus “calculadoras” que instalen la computadora IBM, el paro.

Lo interesante es su reacción “largoplacista”. Ya que para seguir teniendo trabajo, por tanto un futuro y una situación privilegiada dada la coyuntura del país y su condición doble de mujeres y negras, tienen que saber manejar el ordenador mejor que nadie. Deben convertirse, reinventarse, ser imprescindibles para la empresa. Y además lo hace desde esa perspectiva social de compartir el conocimiento y la información, primero se forma ella clandestinamente y después enseña a las calculadoras. De hecho, se hicieron imprescindibles y no perdieron el trabajo.

Ese dilema lo estamos viviendo actualmente de nuevo con el avance de unas tecnologías que hace posible ya no externalizar trabajos sino eliminarlos mediante la automatización, y eso, no tiene por qué ser malo o perjudicial si somos capaces de descubrir la manera de ser útiles. Pero, sobre todo, es que el progreso es imparable. En la historia de las civilizaciones cada Revolución Industrial ha llevado a la destrucción de un gran número de puestos de trabajo y cada una de ellas se ha solucionado de una forma distinta. Veremos cómo se desarrollará esta.

¿Cómo afectará esto a los puestos de trabajo del entorno sanitario? Vosotros qué pensáis.