Donde derrapa la humanización de la sanidad…

A colación de un desafortunado incidente denunciado en las redes sociales por un paciente sordo indignado he retomado mi reflexión sobre la humanización de la sanidad. La humanización de la sanidad no es nada nuevo, pero la humanización de la sanidad está de moda. La verdad es que es un concepto indiscutible e impecable, a mí profesional sanitario, a mí paciente, a mí familiar y a mí ciudadana de un estado de bienestar, me encanta y además me voy a permitir hacer algunas reflexiones.

Y es que, no sé, a mí me pareció siempre que una característica intrínseca a las profesiones sanitarias es la humanidad y el humanismo. Y hay algo que me disgusta de la palabra en sí. Supongo que suele usarse para referirse a conceder o suponer características humanas a algo que no las tiene. Seamos justos, la RAE lo define en su primera acepción como “hacer humano, familiar y afable a algo o a alguien” y en su segunda acepción como “ablandarse, desenojarse, hacerse benigno”. Pero a mí sigue sin convencerme su aplicabilidad con la acepción de la que hablamos. Las organizaciones sanitarias son muy humanas, tanto, que son falibles y sienten la fatiga. Y no hablo de los profesionales exclusivamente, hablo tambien de los pacientes, de la población, de sus gestores…

Quizá sea la implícita separación que se hace entre humanidad y asistencia sanitaria o que una gran cantidad de propuestas dentro de este abanico de actuación parecen salidas de un despacho donde profesionales deciden qué es lo importante para el paciente sin preguntarles a ellos. Pero ¿ablandarse? ¿hacerse benigno?

O quizá que la humanización se plantea siempre con el objetivo puesto exclusivamente en el paciente, y ojo, que la palabra clave aquí es “exclusivamente”. Yo tengo claro que el centro y foco del sistema es el paciente, tan claro lo tengo que me meto en líos por defenderlo, sin embargo, en las instituciones sanitarias hay otras personas, otros humanos, que también pasan allí mucho tiempo, los profesionales y trabajadores. Es necesario aplicar una perspectiva de sistema para humanizar realmente la sanidad. Porque sin eso, sólo hay parches que no solucionan nada.

Fijaos que he conocido muchos desaprensivos y arrogantes, he conocido muchos estúpidos incompetentes, incluso he conocido mala gente con bata blanca, pero la gran e inmensa mayoría de mis compañeros, son buenos, son buenos profesionales pero sobre todo son buenas personas. Se les encoje el corazón no sólo cuando muere un paciente sino cuando no pueden darle la atención que merecen. Se van a casa y sufren infartos por exceso de trabajo y por preocupación… y se levantan por la mañana quemados y van a trabajar con la sonrisa en la boca porque la gente no tiene la culpa.

En fin, pero a lo que yo iba con esto es que todos los planes de humanización que podamos imaginar naufragan estrepitosamente cuando un paciente sordo llega a urgencias, avisa de que es sordo y pasa siete horas esperando a ser atendido porque le avisan exclusivamente por megafonía y se va sin ser atendido.

¡Uf!

Pero, ¿dónde está el problema?

En el paciente que acude solo a urgencias, evidentemente no. En el profesional que lo recibe que no se molesta en apuntar que hay que ir a buscarlo porque no oye la megafonía. En el profesional que le llama insistentemente sin recibir respuesta y no acude a ver qué pasa. En los ciudadanos que acuden a urgencias como una entrada rápida a la consulta de un especialista o a pruebas complementarias específicas. En la sobrecarga asistencial por falta de sustituciones y recortes lineales absurdos.

En qué partida presupuestaria entra que se acuda a llamar a un sordo porque no oye la megafonía… porque no nos confundamos, es estrictamente necesario hacerlo, pero costar cuesta dinero, aunque sólo sea el coste de esos minutos que el profesional saturado tiene que emplear en ir a buscar al paciente en vez de hacer otra cosa, coste de oportunidad.

Y otra reflexión que no pude dejar de hacerme después de algunas experiencias que

conozco a veces de primera mano, ¿se investigará este evento como un incidente de seguridad del paciente que llegó al paciente?

Porque es un incidente de seguridad del paciente que debe ser analizado para mejorar siempre sin buscar culpables sino soluciones. Porque, amigos, el problema no es uno y no se encuentra a un nivel del proceso asistencial, el problema es multifactorial, multinivel, multiprofesional. Porque se han alineado los agujeros de seguridad hasta producir esta situación esperpéntica.

No disculpo lo que ha pasado ni mucho menos, me parece increíble, pero no corramos a

arrojar piedras al sistema nacional de salud ni a sus profesionales, ni siquiera a los políticos se supone que lo gestionan, no corramos a arrojar piedras sobre los culpables porque no lleva a ningún sitio, veamos cómo evitar que vuelva a pasar. Aprendamos de nuestros errores y hagamos un poco de introspección todos como actores interesados en el sistema público de salud. Porque esto no puede volver a pasar.

Anuncios

¡Ya soy especialista! y sigo pensando…

Son momentos de tremenda incertidumbre cosa que en realidad es nuestra situación basal. Y sigo pensando.

Durante estos años de residencia he aprendido muchísimo, he encontrado mi vocación de gestora sanitaria, he podido aplicar mi vocación de servir y quiero creer que he ayudado un poquito a los departamentos y servicios por los que he rotado.

Me voy contenta porque mi corazón es nómada y me apasionan los retos, aunque hubiese estado muy a gusto con vosotros un tiempo más. Hay tantas cosas por hacer y son tan bonitas. Pero sé que quedáis vosotros para hacerlas.

Sois vosotros los que hacéis grande al hospital aunque intenten empequeñecerlo, sois vosotros cada día con vuestra sonrisa llena de estrés y de cansancio, con vuestro saber hacer a pesar de no llegar a la formación continuada con todas las neuronas, los que hacéis grande la sanidad pública.

Sigo pensando que podemos hacer sostenible el SNS.

La automatización de los trabajos se acerca y no me cuesta imaginar que tenga éxito porque tenemos ya muchos autómatas en el sistema, pero sigo pensando que hay que ejercer la profesion desde el corazón porque sin eso no somos médicos, ni enfermeras, ni auxiliares, ni celadores, ni analistas, ni biólogos ni farmacéuticos, ni ingenieros, ni químicos, ni limpiadores, ni técnicos de mantenimiento, ni mozos de almacén… ni personas. Sin corazón no somos nada.

Sigo pensando que el paciente está antes que todo, incluso antes que nuestro futuro profesional, porque el paciente es vulnerable y nosotros su barrera protectora. Sigo pensando que los valores están en el centro de nuestra profesión. Valores que hay que defender como la sostenibilidad de la sanidad pública, la transparencia en la gestión y la profesionalización de este noble arte de gestionar los recursos para el bien público.

Sigo pensando que hay que horizontalizar el organigrama y trabajar en equipo, gestionar por procesos (no sólo los procesos), sigo pensando que hay que dar más autonomía de gestión al clínico y más conocimientos clínicos al gestor, sigo pensando que hay que humanizar la enseñanza de la medicina y tratar enfermos no enfermedades, sigo pensando que con profesionalismo y ética se puede defender al paciente hasta los niveles de la excelencia.

Sigo pensando que la transparencia, el debate abierto, el intercambio de opiniones, el conflicto y la búsqueda incesante del error para corregirlo es lo que nos dotará de excelencia.

Sigo pensando, y me vais a disculpar si sueno prepotente, sigo pensando que yo no me equivoco en muchas cosas de las que digo y defiendo hasta el final, sigo pensando que es el sistema el que se equivoca.

Sigo pensando que he aprendido con los mejores, con los que saben , con los que le cogen la mano a los pacientes, con los que lloran con ellos, con los que se forman aun pagando de su bolsillo los cursos para ser su mejor versión.

Sigo pensando, compañeros, que soy tremendamente afortunada porque he podido hacer lo que tantas veces se dice, para ser inteligente no he tenido que saber mucho, simplemente me he rodeado de gente que sabe más que yo.

Vosotros, que sois mi hospital, vosotros, que sóis mis compañeros en el más noble sentido de la palabra, vosotros estaréis siempre en mi corazón y es el mismo que usaré para seguir ejerciendo mi profesión en cualquier otra parte. Y todo lo demás, amigos míos, todo lo demás tan humano, no importa.

Por vosotros levanto mi copa y os saludo.

Atención sanitaria personalizada, atención sanitaria de precisión, atención sanitaria inclusiva.

Los motivos por los que queremos escribir una nueva entrada en el blog son muy diversos y en general más de uno. Esta es una entrada que se ha ido gestando en los últimos meses por alineación de una serie de eventos aparentemente no relacionados entre sí.

De una parte, acudí a una charla científica en la que me informaron que la Epidemiología no sirve para nada al ser una “ciencia” adivinatoria sin modelos predictivos. Para mí fue un descubrimiento y una sorpresa porque siempre he pensado lo contrario. Fue una buena charla, el tema interesante, el ponente bueno y aprendí cosas. En ella me di cuenta que de forma paralela a la toma de conciencia de los profesionales sanitarios de la situación real del SNS, ha comenzado una gran campaña para hablar de las bondades de la Medicina Personalizada o Individualizada. Es una campaña muy confusa y con muchos “condes de mediado” escondidos que me resulta muy confusa, en primer lugar la denominación de “Medicina Personalizada”.

De otra parte, teniendo la suerte de pasar tiempo en la Escuela Nacional de Sanidad trabajando con el Dr. Repullo y el Dr. Antequera puedo compartir con ellos y muchos otros grandes profesionales de esta institución irreductible como Asterix y Obelix, momentos de charla informal que son muy enriquecedores y de un potencial de aprendizaje increíble. Gracias, por cierto. Bueno, pues ayer el Dr. Repullo hacía una reflexión que me dio mucho que pensar y me ayudó a aclarar mis ideas respecto a la confusión terminológica que os comentaba. La idea de la “Medicina Personalizada” viene de términos anglosajones, como casi todo estos días, pero el término que ofrece el National Institute of Health (NIH) de los EEUU no sería esa sino “Medicina de Precisión” y eso sí describe con mayor exactitud lo que me querían vender en la charla. Medicina de precisión, afinar el diagnóstico ajustando por todos los factores disponibles, incluyendo la genética característica e individual de la persona enferma. Lo gracioso es que ese es el mensaje adaptado a la práctica clínica individual que, desde la publicación del Informe Lalonde, ha venido enviándose desde la Salud Pública.

Irónicamente, estuve en las Jornadas de Actualización en Vacunas del Hospital 12 de Octubre que por cierto, cumplieron 25 años, hablar a Rafael Delgado Vazquez, Jefe de Servicio de Microbiología del Hospital 12 de Octubre, al que respeto grandemente y del que aprendo mucho, sobre el brutal brote de Enfermedad por Virus Ébola que quisimos dar por terminado en 2016 pero que empezó por 2013 y mató a decenas de miles de personas. Pues bien, las innovaciones tecnológicas han avanzado tanto que este virus ha sido uno de los mejores caracterizados en la historia de la epidemiología. Y lo paradójico fue que en lugares donde no había ni el más mínimo material para tratar a pacientes que morían bajo la más frustrante impotencia de los profesionales sanitarios que los intentaban cuidar, había sin embargo un kit de caracterización del virus. A ver, no me entendáis mal, es estupendo tener estos medios pero sería más humano que pudiéramos por lo menos paliar el sufrimiento de esta gente además de caracterizar el virus. Lo sé, quizá es una simplificación o una reducción al absurdo, pero es real.

Por eso me encantó cuando el Dr. Repullo dijo ayer algo así como que el trato compasivo y humano con los pacientes (a mayores de una asistencia sanitaria técnica y científicamente adecuada) eso es medicina individualizada. Mi memoria no me permite reproducir exactamente sus palabras, lo que es una pena porque introduce un sesgo de interpretación por mi parte y porque él es tremendamente preciso y divertido con el lenguaje y por ello pierdo especificidad al no reproducirlo correctamente. Y su razonamiento seguía explicando cómo efectivamente, el término se toma del inglés donde realmente es Medicina de Precisión y no personalizada o individualizada, que son cosas distintas.

Para terminar con los motivos que me han llevado hasta aquí, ayer vi este vídeo sobre lenguaje de signos donde una camarera americana relata como gracias a saber lenguaje de signos consigue arrancar una sonrisa de felicidad a un sordo que acude a pedir a su restaurante. Hace ya dos años, tomé un curso de lenguaje de signos dentro de la formación continuada en mi trabajo, tuve que dejarlo porque me pilló la crisis del Ébola precisamente, el Servicio de Preventiva tuvo mucho trabajo entonces y no pude continuar de puro agotamiento y falta de tiempo. Fue la primera edición y me congratula saber que siguen haciéndolo, aunque a mí ya no me han permitido volver a apuntarme, supongo que porque lo dejé en su momento, aunque creo que por motivos más que justificados, las normas son las normas. Muchos compañeros míos y de las demás personas que acudieron al curso no entendían muy bien por qué lo hacíamos, era largo y costoso (y divertido e interesante pero eso no lo sabían). Y ahí es donde yo introduzco la idea de la Medicina realmente Inclusiva, si la gente que podemos oír aprendemos lenguaje de signos, mínimamente si quiera a decir buenos días, lograremos que los sordos se integren en el sistema realmente. Eso también es medicina individualizada o personalizada…

Carolina Varela Rodríguez – www.varelarodriguez.com – @carolina_D22 –

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carolina-varela-rodr%C3%ADguez-88066b3/

Del offshoring a la automatización de los trabajos en healthcare (I): ¿Seremos prescindibles en nuestro trabajo?

Hace poco fui con los niños a la fábrica de chocolate de Valor en Vilajoiosa en Alacant. Allí tienen un pequeño museo del Chocolate con una degustación final que apasionó a mis chiquitines porque de hecho tienen chocolate puro de ese que el pobre Señor Colibrí, intolerante a la lactosa, puede comer. Mi marido y yo habíamos estado allí hará unos siete u ocho años. Y os preguntaréis a qué viene esta reflexión personal en este blog de Gestión Clínica. Parecerá que me he confundido con el blog de niños que tengo, pero no.

En la citada visita, te enseñan someramente la fábrica desde la altura mientras te explican el proceso de producción del chocolate. Pues ahí es donde mi marido y yo nos quedamos tremendamente sorprendidos, casi no había trabajadores en la cadena de producción. En ocho años se había automatizado la gran mayoría de los trabajos que se hacían, desapareciendo el trabajador/obrero humano. Habían sido sustituidos por una máquina, nada nuevo, lo hemos vivido desde siempre como civilización.

Y puestos a meditar sobre el tema volviendo en el coche, entre gritos de guerra y peleas infantiles íbamos pensando hasta qué punto los trabajos podrían automatizarse, por ejemplo, en algo tan humanista como es la asistencia sanitaria.

Y parece ser, dicen los expertos, que cuando se introduce un avance tecnológico disruptivo, que aumenta la eficiencia y reduce costes en parte gracias a eliminar puestos de trabajo humanos, se producen dos efectos competitivos: 1) de una parte, se destruyen puestos de trabajo aumentando por lo tanto el paro; 2) de otra se incorporan más empresas al mercado, ahora más accesible para ellas, y generan puestos de trabajo nuevos. Y esto a nivel macroeconómico hasta ahora parece que tiene un sentido compensatorio, pero no son los mismos puestos de trabajo ni requieren la misma formación o habilidades y competencias. Es decir, los obreros que se van al paro siguen en el paro, son otros los empleados en las nuevas compañías. Pero, es más, qué pasará cuando el número bruto de puestos destruidos supere al número de puestos creados.

Pensando en esto me acordé de la película “Figuras ocultas” que me ha gustado mucho. En concreto me acordé de una de las protagonistas, la supervisora de las “calculadoras de color” (o sea, las grandes mentes que hacían los cálculos físicos y matemáticos más complicados para que la carrera espacial se pudiese realizar y que estaban encerradas en el cuerpo de una mujer negra en vez de un hombre blanco). Pues, Dorothy Vaughan,  se da cuenta de lo que significa para el futuro de sus “calculadoras” que instalen la computadora IBM, el paro.

Lo interesante es su reacción “largoplacista”. Ya que para seguir teniendo trabajo, por tanto un futuro y una situación privilegiada dada la coyuntura del país y su condición doble de mujeres y negras, tienen que saber manejar el ordenador mejor que nadie. Deben convertirse, reinventarse, ser imprescindibles para la empresa. Y además lo hace desde esa perspectiva social de compartir el conocimiento y la información, primero se forma ella clandestinamente y después enseña a las calculadoras. De hecho, se hicieron imprescindibles y no perdieron el trabajo.

Ese dilema lo estamos viviendo actualmente de nuevo con el avance de unas tecnologías que hace posible ya no externalizar trabajos sino eliminarlos mediante la automatización, y eso, no tiene por qué ser malo o perjudicial si somos capaces de descubrir la manera de ser útiles. Pero, sobre todo, es que el progreso es imparable. En la historia de las civilizaciones cada Revolución Industrial ha llevado a la destrucción de un gran número de puestos de trabajo y cada una de ellas se ha solucionado de una forma distinta. Veremos cómo se desarrollará esta.

¿Cómo afectará esto a los puestos de trabajo del entorno sanitario? Vosotros qué pensáis.

Lean Healthcare, de la cultura organizacional y las esferas de influencia

Aunque el Lean Healthcare suena muy nuevo e innovador ya lleva su tiempo circulando por el mundo sanitario. Claro que también la Gestión Clínica y aun se presenta en muchos foros como “nuevos modelos de gestión sanitaria”. Vamos que nos cuesta cambiar. Pero la realidad es que hay varios casos de éxito de lean healthcare en instituciones sanitarias y algunos desde principios de los años 2000.

Cuando leo artículos sobre este tema normalmente el moto más repetido es que es necesaria la implicación del “top management” para que funcione. Y lo entiendo. También, cuando escucho a la gente que sabe de gestión sanitaria como los Dres. Repullo, Ortún, Oteo, Freire, Gonzalez-Valcarcel o a tantos otros sabios, insisten en la necesidad de un cambio cultural y radical de la alta dirección del Sistema Nacional (y Autonómico) de Salud para que los cambios sean y sean duraderos.

Y, fijaos, mi experiencia, sin embargo, es completamente distinta y complementaria. Igual realmente es un conjunto de desastrosas calamidades pero no lo veo porque me ciegan mis sesgos personales, pero yo creo que hemos cambiado cosas. Y gran parte de esto lo he hecho gracias a aplicar métodos basados en la filosofía lean a pequeña escala, dentro de mi esfera de influencia y cooperando colaborativamente con mis contactos y algunos amigos para mejorar a “muy pequeñísima” (como diría mi hija) escala la calidad, proceso asistencial a proceso asistencial.

En serio, comunicando con transparencia y ofreciendo activa y desinteresadamente mi “know-how” a mis compañeros, estableciendo sinergias y alianzas estratégicas puntuales, haciendo por supuesto mi trabajo con toda la entrega y competencia que puedo y aguantando el chaparrón cuando hay que aguantarlo que para eso soy gallega y tengo apoyos sociales y familiares importantes, hemos conseguido como fruto de la inteligencia colectiva y el trabajo en equipo mejorar varios procesos asistenciales de mi entorno. El proceso de atención a un paciente con sospecha de EVE, el proceso de atención a los pacientes críticos en el servicio de Reanimación, la integración colaborativa de tres servicios asistenciales en un proyecto de atención integral a la infancia, entre otros.

Por eso, y como me encanta el concepto del “radicalismo selectivo” del Dr. Ortún voy centrándome en pequeños cambios cada vez. Pero como no tengo mayor nivel de influencia que el que tengo, los aplico a mi escala y supongo que será una gotita en un océano, pero a mí me motiva para levantarme por la mañana. Y además sigo con optimismo pensando que podré hacer lo que me gusta (y si hacemos caso de la sabiduría popular, la segunda o tercera cosa que mejor se me da), gestionar y dirigir en el Sistema Nacional (y Autonómico) de Salud.

Ahora, en algo sí tienen razón mi marido y mis amigos, y a ellos les dedico este post y mi cabezonería.

 

Lean Healthcare, de la cultura organizacional y las esferas de influencia

Aunque el Lean Healthcare suena muy nuevo e innovador ya lleva su tiempo circulando por el mundo sanitario. Claro que también la Gestión Clínica y aun se presenta en muchos foros como “nuevos modelos de gestión sanitaria”. Vamos que nos cuesta cambiar. Pero la realidad es que hay varios casos de éxito de lean healthcare en instituciones sanitarias y algunos desde principios de los años 2000.

Cuando leo artículos sobre este tema normalmente el moto más repetido es que es necesaria la implicación del “top management” para que funcione. Y lo entiendo. También, cuando escucho a la gente que sabe de gestión sanitaria como los Dres. Repullo, Ortún, Oteo, Freire, Gonzalez-Valcarcel o a tantos otros sabios, insisten en la necesidad de un cambio cultural y radical de la alta dirección del Sistema Nacional (y Autonómico) de Salud para que los cambios sean y sean duraderos.

Y, fijaos, mi experiencia, sin embargo, es completamente distinta y complementaria. Igual realmente es un conjunto de desastrosas calamidades pero no lo veo porque me ciegan mis sesgos personales, pero yo creo que hemos cambiado cosas. Y gran parte de esto lo he hecho gracias a aplicar métodos basados en la filosofía lean a pequeña escala, dentro de mi esfera de influencia y cooperando colaborativamente con mis contactos y algunos amigos para mejorar a “muy pequeñísima” (como diría mi hija) escala la calidad, proceso asistencial a proceso asistencial.

En serio, comunicando con transparencia y ofreciendo activa y desinteresadamente mi “know-how” a mis compañeros, estableciendo sinergias y alianzas estratégicas puntuales, haciendo por supuesto mi trabajo con toda la entrega y competencia que puedo y aguantando el chaparrón cuando hay que aguantarlo que para eso soy gallega y tengo apoyos sociales y familiares importantes, hemos conseguido como fruto de la inteligencia colectiva y el trabajo en equipo mejorar varios procesos asistenciales de mi entorno. El proceso de atención a un paciente con sospecha de EVE, el proceso de atención a los pacientes críticos en el servicio de Reanimación, la integración colaborativa de tres servicios asistenciales en un proyecto de atención integral a la infancia, entre otros.

Por eso, y como me encanta el concepto del “radicalismo selectivo” del Dr. Ortún voy centrándome en pequeños cambios cada vez. Pero como no tengo mayor nivel de influencia que el que tengo, los aplico a mi escala y supongo que será una gotita en un océano, pero a mí me motiva para levantarme por la mañana. Y además sigo con optimismo pensando que podré hacer lo que me gusta (y si hacemos caso de la sabiduría popular, la segunda o tercera cosa que mejor se me da), gestionar y dirigir en el Sistema Nacional (y Autonómico) de Salud.

Ahora, en algo sí tienen razón mi marido y mis amigos, y a ellos les dedico este post y mi cabezonería.

 

Cuaderno de campo de una salubrista perdida en el SNS: De barreras y vallas…

Llevo algún tiempo observando el entorno sanitario a varios niveles, micro, meso y macro. Seguramente no os descubriré nada nuevo, sin embargo, os voy a contar algunas cosas a ver qué os parece. Y para comenzar y ser justa, vaya esto por delante, los profesionales y trabajadores  de nuestro sistema nacional de salud (SNS) son, por regla general, grandes profesionales que han hecho un sobreesfuerzo para que la calidad asistencial no se haya deteriorado demasiado durante la recesión y los recortes lineales que se han aplicado.

Además durante años se ha ejercido mucha demagogia al respecto de la eficiencia del SNS, que no ha sido ni mucho menos un saco sin fondo como nos han pretendido hacer creer. Pero hay que reconocer que existen grandes bolsas de ineficiencia en el sistema que hay que identificar, analizar y eliminar, grandes bolsas de ineficiencia que muchas veces son debidas a fallos estructurales del sistema.

Y no puedo evitar citar aquí a Vicente Ortún en una lección magistral que oí en la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) porque me impactó mucho y en particular una frase, “el sistema necesita cambios estructurales, pero es que un cambio estructural de un sistema es tener profesores de inglés que sepan inglés”.

Si os parece un sin sentido dadle unas cuantas vueltas porque es un mensaje clave para lograr mejorar la eficiencia de cualquier sistema.

Empezar por las pequeñas cosas más evidentes parece, desde mi perspectiva un buen comienzo para la mejora de cualquier sistema. De hecho hay algo que me gustaría compartir antes de nada. Una de los hábitos que más perpetúa la ineficiencia y que he observado de forma consistente y sistemática, es la constante construcción de barreras y vallas a distribuir a lo largo de nuestro día a día y de nuestro trabajo. Y la estrategia de acoso y derribo a la gente que decide no ponerse barreras ni vallas…

¿A qué me refiero?

A ver si consigo explicarme de manera sencilla.

Cuando se le plantea a la mayoría de la gente la necesidad de mejorar su trabajo, una acción de mejora en su día a día, surgen de manera torrencial excusas y problemas que impiden llevarla a cabo, todo ha sido ya pensado y deshechado, todo está muy bien pero es imposible… es más si tu lo intentas te vas a equivocar y te vas a llevar un palo monumental porque ya ha habido otros que lo han intentado.

Llevamos el NO por delante. Y no puedo evitar acordarme del elefanta atado con una pequeña cuerda a un poste que fácilmente puede arrancar de la tierra, no lo hace porque toda la vida ha estado atado y ya no lo intenta.

Algunos de los problemas de ineficiencia que he observado pueden solucionarse sin grandes aspavientos. Simplemente poniendo voluntad.

Ojo, no digo que sea fácil ni que no requiera un esfuerzo, a veces grande y a veces inmenso, pero digo que es posible. Sin embargo empleamos un esfuerzo importante en demostrar que no se pueden cambiar las cosas…

Mi problema es que yo estoy de acuerdo con el dicho que le atribuyen a Einstein “hacer las cosas de la misma manera una y otra vez y esperar resultados distintos es la definición de locura”.

Probemos a hacer las cosas de forma distinta y arriesguémonos a equivocarnos…

Eliminado la “Muda” (desperdicio) en las herramientas de seguridad del paciente

Vengo de presentar mi último proyecto como intraemprendedora en el SNS en las Jornadas de Gestión celebradas en Ciudad Real a finales de octubre. Vengo contenta por el trabajo y por la aceptación que ha tenido entre la gente que tuvo la amabilidad de venir a escucharme frente al póster. Me he animado por ello a contar aquí la historia por si acaso a alguien le puede interesar aplicarlo en su organización que me escriba.

El caso era el siguiente hace un par de años tras una charla sobre la Epidemiología del virus de Ébola, tuve la ocasión de conocer al Jefe de Servicio de Anestesia de mi hospital que en una conversación informal me comentó que la Unidad de Reanimación necesitaba ciertas reformas. Claro, yo le comenté la existencia de herramientas apropiadas para la gestión prospectiva de riesgos y en concreto del Análisis Modal de Fallos y Efectos (AMFE) que es una herramienta que me encanta.

 Pues como buena intraemprendedora me ofrecí para hacer tal análisis en la REA y me puse manos a la obra. Sin embargo, ni la coyuntura socioeconómica ni la disponibilidad real de los profesionales propició tener ni siquiera una primera reunión para hablar del tema con el equipo. Era frustrante, y pasaron meses hasta que empecé a profundizar en mis conocimientos sobre la filosofía lean y entonces se me ocurrió una idea…

“Nuestro bien más preciado y más escaso es el tiempo, y más si se trata de profesionales altamente cualificados que se deben al paciente que tratan y este paciente es un paciente crítico”. El tiempo era el problema, no la motivación, el tiempo, no las ganas, el tiempo, no los conocimientos…

 De manera que de forma muy rudimentaria diseñé un formulario de toma de datos que en una página y de forma visual mostraba el Diagrama de flujo de proceso a analizar, y los apartados de información necesarios, así como las escalas de Likert usadas para la priorización posterior.

 Me busqué un aliado interno, bueno, un par de aliados internos, y he de decir que ambas fueron enfermeras … y aunque me gané fama de acelerada, les dejé el formulario durante un mes en la REA. De vez en cuando preguntaba por él. El equipo por otra parte tenía mis datos de contacto para preguntar cualquier duda, y lo hicieron por teléfono, por cierto. Al cabo del mes recogí el formulario y para mi sorpresa (porque no lo había visto ninguno de los días que había pasado por allí) estaba cumplimentado y con gran cantidad de aportaciones en diversos ámbitos.

 El análisis y la validación de resultados con el equipo se hizo también limitando al máximo las reuniones y siempre desplazándome yo a la REA para hablar con ellos. Funcionó y tenemos esperándonos más de 37 acciones de mejora que no saldrán todas, pero saldrán sin duda las que mayor prioridad han sacado. Bueno, en cualquier caso, esa es otra fase que habrá que pelear en 2017.

 Si os interesa saber más decídmelo, aquí o llamadme (658508336 – carolinavr@gmail.com)

La Medicina Preventiva y Salud Pública, de la transversalidad a la cohesión

 

 

atomo

El otro día, sentada en un pequeño bar de Madrid, compartiendo un momento maravilloso con mi gran amiga Paloma González Yuste, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y en Medicina Preventiva y Salud Pública, hablábamos de esta última especialidad compartida y que tanto nos gusta a las dos. A mí a veces se me llena la boca de palabras que quieren salir y salen. Así que hablando con ella le comenté que me parecía una especialidad que cohesiona el Sistema Nacional de Salud. Teniendo como tiene una mente inquisitiva y astuta me pidió explicaciones y me rebatió las inconsistencias. Diré que ni estaba en mi mejor día ni estoy en mi mejor momento, mi padre lo sabe bien, así que la argumentación fue más bien pobre y bastante torpe quedando mi amiga lejos de estar convencida de mi propuesta. Por eso estoy aquí ahora, porque “como amiga suya que soy, le debo una explicación, y esta explicación que le debo, se la voy a pagar, porque la debo”.

Cohesionar según la Real Academia de la Lengua significa “unir, dar cohesión a algo” siendo cohesión la “1. Acción y efecto de reunirse o adherirse las cosas entre sí o la materia de que están formadas; 2. unión de algo con otra cosa; 3. Unión entre las moléculas de un cuerpo; 4. Fuerza de atracción que mantiene unidas las moléculas de un cuerpo”.

Fijaos que a mí la definición que más me gusta de cohesión es la última, fuerza de atracción que mantiene unidas las moléculas…

El disruptivo informe Flexner en 1910 cambió radicalmente la enseñanza de la Medicina ya que atomizó el conocimiento médico en disciplinas verticales que permitían un análisis muy exhaustivo y una especialización máxima del conocimiento. Llegándose, gracias a esto, a una profundización sin precedentes en la patología y en la curación de la enfermedad, pero en gran medida favoreció que los médicos empezásemos a tratar enfermedades y no enfermos. Frente a esta tendencia mayoritaria resistieron dos especialidades, la Medicina Familiar y Comunitaria y la Medicina Preventiva y Salud Pública. Los primeros tratan personas y los segundos poblaciones. Ambas son dos especialidades que gozan de muy poca consideración profesional, peor pagadas y con complejo de inferioridad respecto a las grandes especialidades clínicas. Pero ambas son dos grandes generalistas de la Medicina y por tanto holísticas en su contenido y planteamientos.

Mi postulado es que son el engranaje necesario para una asistencia de calidad y para la sostenibilidad a largo plazo, intergeneracional si preferís, del Sistema Nacional/Autonómico de Salud. Me centro en lo que buenamente conozco un poco, la Medicina Preventiva y Salud Pública.

¿Por qué le dije a mi amiga que es una especialidad cohesionadora del Sistema Nacional de Salud?

Empecemos analizando su carácter transversal. Es una especialidad que supone competencias, habilidades y conocimientos aplicables a toda la práctica clínica: prevención de eventos adversos y muy en especial de transmisión de enfermedades prevenibles, calidad asistencial y seguridad del paciente, análisis de datos de salud y obtención de datos de actividad y de investigación (epidemiología y bioestadística), promoción de la salud, prevención de la enfermedad (cualquier enfermedad), gestión sanitaria… Y su aplicación trasciende el entorno hospitalario y de atención primaria, trasciende los servicios de sanidad (salud pública). Es de aplicación global en la atención sanitaria y más allá, trasciende a todas las políticas que afectan a los determinantes de salud. Somos por tanto un grupo de profesionales con una visión integral y conjunta de todo el sistema sanitario y sociopolítico.

Además, la especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública es autoridad sanitaria y por tanto sus decisiones, legalmente, pueden ser aplicables al resto de profesionales y entornos sociopolíticos. Otra cosa es que su autoridad esté muy limitada a casos extremos y que generalmente nadie se atreva a usarla, pero existir existe. Esto desde mi punto de vista legitima a la profesión como garante del Principio Rector de la Constitución Española del Derecho a la Protección de la Salud.

Una de las competencias más potentes de la especialidad y que lamentablemente ya no consta en su denominación es la de Gestión Sanitaria, una gestión sanitaria desde la comprensión global del sistema de salud, con los determinantes de salud como filosofía central y con una perspectiva poblacional y al mismo tiempo centrada en la persona como centro del sistema, es una garantía inicial de independencia y de transparencia, elementos clave que podemos aportar al Buen Gobierno.

Otra de las características troncal y definitoria de la especialidad son las competencias en investigación biomédica reflejadas en los conocimientos y habilidades básicas en epidemiología, bioestadística y método de investigación científica. Es una especialidad por tanto que permite una garantía de calidad de la I+D+i de los servicios de salud, de cualquier especialidad y tema ya que tenemos las bases metodológicas para asesorar a lo largo de todo el proceso de un proyecto de investigación desde el diseño a su publicación.

Así mismo, las competencias en Calidad y Seguridad Asistencial y gestión de la calidad, nuevamente nos sitúa en una posición privilegiada para tener una visión global del centro, del servicio y del sistema de salud en que trabajamos. Para comprender empáticamente qué espera un paciente y qué podemos ofrecer ya que tenemos competencias en gestión.

Además, deberíamos dominar la comunicación persuasiva para poder hacer cosas como la promoción de la salud. Por ellos somos los especialistas más capacitados para definir mensajes claros, comprensibles y que tengan un impacto en la población, con conocimientos para favorecer la movilización ciudadana.

Sigo, Pombiña, sosteniendo que somos una especialidad cohesionadora del Sistema Nacional y Autonómico de Salud y que, si nos coordinásemos como una red profesional y de activismo social y colaborásemos activamente entre nosotros, con la autoridad política, con nuestros compañeros y con la población en general, mediante un nuevo profesionalismo nacido de la convicción del ejercicio profesional con excelencia seríamos una fuerza de atracción sin precedentes para mantener unidas las moléculas que componen el Sistema Nacional Público de Salud de nuestro país. Seríamos cohesionadores del Sistema

Espero haber sido más convincente hoy…

 

El procedimiento del consentimiento informado (I)

Cada cierto tiempo me encuentro hablando con mis compañeros de profesión a vueltas con el consentimiento informado. No sé si son dudas que surjan a todos o no, pero voy a comentar un par de ellas que sistemáticamente he debatido en mi día a día profesional y sobre las que he consultado a la asesoría jurídica de mi hospital. Y por tanto no puedo menos que agradecer su ayuda a Antonio y a Teresa, nuestros juristas que siempre están a nuestra disposición y nos preparan esos informes tan esclarecedores y concisos. Y de antemano les pido perdón si desde mi posición lega meto la pata con algún término o concepto legal.

 
La discusión frecuente que me encuentro es que mis compañeros asistenciales no tienen nada claro cuándo y quién tiene que obtener el consentimiento informado del paciente. Como tampoco parecen tener claro qué es un consentimiento informado.

 
¿Y cuál es el problema desde mi punto de vista? Pues que de forma un poco intuitiva parecemos entender que un consentimiento informado es “ese papelito que el paciente firma” antes de que le operen o le hagan una exploración invasiva y esas son las circunstancias en que el consentimiento informado es necesario. Pues no.

 
Primero de nada el consentimiento informado no es más que la conceptualización del derecho a la información de cualquier paciente/usuario del sistema y/o servicio de salud. Si queremos hacer referencia a la bioética deberemos hablar del principio de autonomía que ofrece al paciente la oprtunidad de tomar decisiones de acuerdo a su plan personal de vida. Si queremos centrarnos en el bioderecho español debemos hacer referencia a la Ley 41/2002 básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, que es la norma que legisla el derecho a la información de los usuarios del servicio de salud. Así, el consentimiento informado…

 
… es primordialmente verbal, siendo necesario solicitar un consentimiento informado por escrito en los casos de “intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, aplicación de procedimientos que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente” y es conveniente solicitar el consentimiento informado por escrito cuando el paciente renuncia a ser informado y cuando no acepta algún tratamiento.

 
… el titular del derecho de información es el paciente.

 
… el médico responsable del paciente es el reponsable de informar al paciente según el procedimiento propio del consentimiento informado pero todos y cada uno de los médicos que atienden al paciente en su proceso asistencial deben informar al paciente de acuerdo a su competiencia y capacidad.

 
Por ejemplo, un médico de familia tiene que informar al paciente de los motivos por los que le deriva a la atención especializada, por ejemplo un ingreso en Medicina Interna. El médico especialista responsable del paciente hospitalizado debe informarle de la pruebas que le van a solicitar y los motivos, cada uno de los médicos que le realizan una prueba diagnóstica o terapéutica le deben informar de la respectiva prueba. Por ejemplo si se le realiza una prueba radiológica, el radiólogo debe informar de los riesgos y y beneficios de la prueba.

 
… el consentimiento informado debe contener la siguiente información: las consecuencias relevantes o de importancia que la intervención origina con seguridad; los riesgos relacionados con las circunstancias personales o profesionales del paciente; los riesgos probables en condiciones normales, conforme a la experiencia y al estado de la ciencia o directamente relacionados con el tipo de intervención; las contraindicaciones.

 
La otra pregunta que me encuentro es si se puede dar el consentimiento de un procedimiento propio de una especialidad médica por un especialista distintos. Por ejemplo, ¿puede un endoscopista puede obtener el consentimiento informado de la sedación?

 
Pero de esto hablaremos en otro post, si me lo permitís. Que hoy me reclaman otros menesteres más cotidianos …